Abrimos la llave y sale agua dulce. Lo hacemos en Cozumel sin pensarlo, aunque vivimos en una isla rodeada de mar. Esa agua llega porque bajo nuestros pies hay roca caliza que la filtra y la almacena, y la selva ayuda a que ese ciclo siga funcionando. ¿Qué nos da exactamente la naturaleza protegida de Cozumel, y quién la sostiene?

Una isla protegida de punta a punta

El 19 de marzo de 2016 la UNESCO incorporó a la Isla Cozumel a su Red Mundial de Reservas de la Biosfera. La reserva cubre la totalidad del territorio insular, en ella conviven tres áreas protegidas estatales y dos federales, junto con la ciudad, la infraestructura turística y la zona rural.

Isla de la Pasión, Cozumel. Forma parte del Área de Protección de Flora y Fauna Cozumel y de la Reserva de la Biósfera Isla Cozumel. Foto: Alfonso González Damián

Esa naturaleza que nos rodea no solo es bonita: trabaja con nosotros todo el tiempo. A los beneficios que los ecosistemas le dan a la gente, los especialistas los llaman servicios ecosistémicos. Cozumel reúne arrecifes, manglares, dunas y selvas tropicales en un territorio pequeño, riqueza que es el núcleo del valor turístico que mueve la economía, pues la gente viaja desde el otro lado del mundo por algo que nace de la naturaleza.

Cuatro servicios, una isla

Hay servicios que ni siquiera notamos hasta que fallan. Los ecosistemas regulan cosas que damos por sentadas: el clima, el agua, la fuerza del mar. En Cozumel el ejemplo más claro es el arrecife que rodea la isla: un rompeolas vivo que frena el oleaje antes de que llegue a tierra y nos protege durante las tormentas. Tierra adentro, manglares y roca caliza filtran el agua que bebemos.

Hay servicios más fáciles de ver porque los consumimos directamente: son los de aprovisionamiento, los bienes que sacamos de la naturaleza. El primero es el agua dulce del subsuelo; el segundo viene del mar. Frente a las costas de Cozumel, los pescadores capturan langosta, caracol y escama: alimento, trabajo y una forma de vida que pasa de generación en generación.

Embarcaciones en Cozumel. Foto: Alfonso González Damián

Hay un último grupo de servicios que casi nunca vemos, porque son la base sobre la que descansan todos los anteriores: los servicios de soporte. Son los procesos de fondo que hacen posible que la naturaleza siga funcionando. El mejor ejemplo es el manglar. Entre sus raíces crecen los peces que de adultos sostienen la pesca de la isla, atrapa carbono, filtra el agua, da hogar a aves y cocodrilos y amortigua las tormentas. Cuando se destruye un manglar se desarma una pieza que sostiene a las demás.

Los ecosistemas también nos dan identidad, belleza, un lugar al cual pertenecer: son los servicios culturales. Es el arrecife donde aprendimos a bucear, el atardecer sobre la laguna, el orgullo de ser de la isla.

En Cozumel viven criaturas que no existen en ningún otro punto del planeta, entre las más entrañable está el mapache enano que se pasea por los manglares y que, fuera de aquí, no está en ninguna otra parte. Si lo perdemos, no se va de Cozumel: se va del mundo. Cuidar todo esto no es solo tarea del gobierno.

Lo que falta: de admirar a cuidar

Hay una verdad incómoda detrás de todo esto. En Cozumel casi todos reconocemos el valor de nuestra naturaleza, pero entre admirar y cuidar hay una distancia que aún no terminamos de cruzar. El aprecio está; el hábito cotidiano, todavía no.

Esa brecha es la que la CONANP, a través de su representación en Cozumel, busca cerrar con educación ambiental para toda la población: no basta con proteger los ecosistemas si quienes vivimos de ellos no hacemos nuestra parte. Cuando la masificación turística se descontrola, termina cobrándole a los mismos ecosistemas que atraen al visitante; sostener ese atractivo exige que el sector asuma el costo de mantenerlo, no solo el beneficio de disfrutarlo.

La buena noticia es que cuando la comunidad se organiza, los avances son reales. Lo hemos visto cuando los cozumeleños alzaron la voz frente a proyectos que amenazaban con destruir manglares.

Volver a mirar el agua

Mañana, cuando abramos la llave y salga agua dulce, reflexionemos: llegó hasta nosotros gracias a la roca que la filtró, a la selva que cuidó el ciclo, a un manglar que sigue en pie. Esta isla única no se sostiene sola: la sostenemos entre todos.

Colaboración especial:

Alfonso González Damián. Doctor en Ciencias Sociales y Políticas. Actualmente es profesor-investigador adscrito a la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo, Campus Cozumel. Sus líneas de investigación son turismo, gastronomía y transformación social. Es colaborador de Alba Sud y consultor en Proyecto ETIC México.

Nota sobre el uso de inteligencia artificial

Para la elaboración de este texto se utilizó el modelo de inteligencia artificial Claude Opus 4.8 (Anthropic) como herramienta de asistencia en la redacción. Los autores definieron el enfoque, la estructura y la postura del artículo, y orientaron y revisaron cada sección. La IA apoyó en la redacción de los borradores a partir de esas indicaciones y en la verificación de datos mediante búsqueda en fuentes públicas. La validación final del contenido, la versión final del texto, los datos y las ideas son responsabilidad de los autores.

Para saber más:

UNESCO incorpora la Isla Cozumel a la Red Mundial de Reservas de la Biosfera (19 de marzo de 2016). CONANP, Gobierno de México. Recuperado el 3 de junio de 2026 de https://www.gob.mx/conanp/prensa/recibe-isla-cozumel-certificado-del-programa-mab-unesco

Ecosistemas y especies de la Reserva de la Biosfera Isla Cozumel. Jóvenes MaB Cozumel. Recuperado el 3 de junio de 2026 de https://jovenesmabcozumel.org/sample-page/

Mapache de Cozumel lucha por la supervivencia: campaña de sensibilización a conductores. La Jornada Maya. Recuperado el 3 de junio de 2026 de https://www.lajornadamaya.mx/quintanaroo/174752/mapache-de-cozumel-lucha-por-la-supervivencia