¿Cómo se construye un espacio para las infancias cuando una no sabe muy bien cómo habitar ese lugar?
Soy Clau, ilustradora, y desde que tengo memoria me han gustado las aves. Crecí rodeada de ellas, aunque de una forma muy distinta. Es decir, yo ahora no las tendría en cautiverio, y es por eso que, con el tiempo, observarlas, dibujarlas y aprender de ellas se volvió parte de mi vida.


Y definitivamente, convertirme en mamá le ha dado otro sentido a todo esto.
No me considero una mamá “normal”. Y tampoco estoy segura de querer serlo.
Hay una idea de la maternidad que se quedó en mi cabeza durante mucho tiempo. Traté de imitar a una mamá que siempre sabe qué hacer, que disfruta todo, que juega todo el tiempo, que nunca se cansa. Y la verdad es que yo no me encuentro ahí.
La maternidad, para mí, no ha sido algo natural ni sencillo. No me sale de forma fácil eso de jugar todo el tiempo o saber qué hacer. Sí, soy mamá, pero primero soy Clau. Y no quiero dejar de ser quien soy ni dejar de hacer las cosas que me gustan. Entonces decidí no forzar nuestra relación. Las relaciones se construyen, y yo encontré un punto en común para construir la nuestra: las aves. Salir a observarlas, emocionarnos cuando vemos una en la calle, sentarnos a dibujarlas juntos.
No fue algo que yo le enseñara directamente, más bien él fue viendo lo que yo hacía día a día, y desde ahí nos fuimos encontrando.
Recuerdo la primera vez que me acompañó a pajarear en forma. Era muy chiquito, y el recorrido estaba pensado para adultos. Se aburrió, se cansó, ya se quería ir. Y ahí entendí que algo no estaba bien, que esos espacios no estaban hechos para él. Y que además, yo no estaba disfrutándolo tanto, porque ni él ni yo estábamos contentos.


No fue algo que yo le enseñara directamente, más bien él fue viendo lo que yo hacía día a día, y desde ahí nos fuimos encontrando.
Recuerdo la primera vez que me acompañó a pajarear en forma. Era muy chiquito, y el recorrido estaba pensado para adultos. Se aburrió, se cansó, ya se quería ir. Y ahí entendí que algo no estaba bien, que esos espacios no estaban hechos para él. Y que además, yo no estaba disfrutándolo tanto, porque ni él ni yo estábamos contentos.



Entonces dejamos de intentar encajar ahí, y empezamos a observar a nuestra manera. En los parques, en la calle, dibujando, platicando.


Pero la idea se quedó.
Si no existían espacios así para infancias, ¿por qué no crear uno?
Yo no me sentía capaz de guiar una pajareada sola, así que pensé en Rai, mi amiga, bióloga y alguien que sabe trabajar con infancias con mucha naturalidad. Le propuse la idea y empezamos a construirla juntas. Después se fueron sumando más personas importantes: Lidia, Thiago, amigxs que, desde lo hermoso que hacen, también conectan de una manera increíble con las infancias.
Se fue armando desde la amistad, desde confiar en lo que cada quién sabe hacer. Somos muy diferentes entre nosotrxs, y justo eso lo hace más bonito. Cada quien aporta desde su lugar, desde su forma ser. No somos un colectivo como tal, pero sí una red que se sostiene desde el cariño, las ganas y esas ideas medio locas que decidimos hacer realidad juntas. Y mi amigo Kevin Cuevas también fue parte de esto, creando un cartel hermoso que acompañó y le dio identidad al festival desde el inicio.

Así fue como nació este primer festival.
El cual llevamos a cabo el pasado 11 de abril en el Parque Ecológico de Xochimilco. Nos encontramos desde las 8 de la mañana con los peques y sus familias, con una mezcla de emoción y nervios de cuando haces algo por primera vez y no sabes exactamente cómo va a suceder, pero al mismo tiempo con la confianza de que todo saldría bien, porque fue hecho con todo el corazón.
Comenzamos el día con una pajareada guiada por mi amiga Rai, que es bióloga y tiene una forma muy especial de acercar a las infancias a este mundo. Caminamos alrededor de una hora, a un ritmo tranquilo, deteniéndonos a observar y a escuchar. Para muchas y muchos era su primera vez pajareando y utilizando binoculares, y aunque al inicio costaba trabajo, no dejaban de intentarlo. Rai llevó un telescopio, que facilitó la observación para que pudieran ver mejor y emocionarse todavía más. Ese día, por fortuna, las aves se acercaron muchísimo. Era como si supieran que no era tan fácil observarlas, y nos facilitaron todo.



En cuanto lograban ver algo, aunque fuera por un momento, se emocionaban muchísimo. Aprendieron a usar las guías de observación y las consultaban con atención, escuchando lo que Rai les decía para identificar qué ave estaban viendo. También fue bonito ver que las personas adultas que acompañaban se emocionaban al ver a las aves y sentían curiosidad. Vimos patos, garzas, chipes, gorriones, águilas y hasta zopilotes.



Después del recorrido, nos sentamos en el pasto, frente al humedal, a comer algo y descansar. Y logramos observar a un águila pescadora pescando y comiéndose un delicioso desayuno al mismo tiempo que nosotros.
Más tarde nos dirigimos al lugar donde continuaron las actividades. Continuamos con mi querida amiga Lidia Zaragoza, narradora y cuentacuentos, que transformó el espacio completamente. Su forma de contar, de cantar y de involucrar a quienes estaban ahí hizo que todos participáramos sin darnos cuenta.

Luego, Thiago dio un taller de grabado donde las niñas y niños pudieron experimentar con tinta y unos sellitos de animales y aves acuáticas. No importó ensuciarse: las manos llenas de tinta se volvieron parte del juego, e incluso esos mismos sellitos terminaron siendo pequeños tatuajes.

En la actividad de pintura, que yo Clau, propuse, llevé dibujitos de aves pero sin ninguna referencia de color. Mi idea era que pudieran pintarlas como quisieran. Y eso fue lo más bonito: verles no preocuparse por hacerlo “correcto”. Me encanta que no les da miedo el lienzo en blanco, y eso es algo maravilloso.
Para cerrar, hice unos picos de origami y, a través de un pequeño juego guiado por Rai, nos convertimos en pájaros.
Esta experiencia nos hizo admirar su manera de observar, de emocionarse con algo tan sencillo como ver un ave a través de unos binoculares. O pintarlas de colores.
Es importante entender que casi todos los espacios están pensados desde la mirada adulta, desde la prisa, desde la idea de “aprender” de cierta forma. Muy pocas veces se construyen lugares donde las infancias puedan explorar a su ritmo, ensuciarse, equivocarse, preguntar, mirar sin que alguien les diga cómo hacerlo.
Nos dieron muchas ganas de seguir abriendo más espacios de este tipo, acercándolos a la naturaleza a través del arte y del juego. Queremos espacios donde las infancias puedan acercarse a la naturaleza desde un lugar propio y donde también quienes acompañamos podamos aprender a mirar distinto.

Mi pequeño David:
No soy una mamá “normal”, y muchas veces no sé cómo hacerlo. Me cuesta encontrar formas de jugar, de acercarme, de sentir que lo estoy haciendo bien. Ser tu mamá no ha sido fácil para mí. Me ha tomado tiempo entender cómo estar, cómo acompañarte, cómo hacerlo a mi manera sin lastimar tu precioso corazón.
Pero siendo paciente conmigo y contigo he ido aprendiendo. Y así, poco a poco, nos hemos ido encontrando.
No siempre sé cómo ser la mejor mamá ni cómo encontrar cosas que nos gusten a los dos, pero hemos podido encontrar refugio y complicidad en las aves. Salir a observarlas, compartir ese interés que nos obsesiona a los dos, y verte disfrutar este festival con tus amigos, es mi forma de decirte cuánto te amo. Y lo afortunada que soy de ser tu mamá.
Te amo, pichón.

Escrito por: Claudia Danae García Hernández
Contacto
Clau - Ilustradora
Instagram: @mad.about.birds
Correo: m.aboutbirds@gmail.com
Rai - Bióloga
Instagram: @rai.aratinga
Correo: gomezgrf@gmail.com
Lidia Zaragoza Buendía - Narradora oral
Instagram: @lidia_zaragoza_narradora
Correo: lidia.pingoproducciones@gmail.com
Thiago - Ilustrador
Instagram: @thiagomar_
Correo: thiagomar.ilus@gmail.com
Kevin Cuevas - Ilustrador
Instagram: @kevcuev
Correo: kevcuev@apocalipsisporfavor.com