Mi vínculo con el sector primario comenzó antes que mi formación académica. Desde pequeña acompañaba a mi padre en la preparación de la tierra después de la zafra, cuando era necesario limpiar raíces y acondicionar el suelo para el siguiente ciclo productivo. Esa experiencia me enseñó que la agricultura no es solo producción: es gestión permanente del agua, del suelo y del territorio.
En territorios protegidos, ese equilibrio adquiere mayor complejidad. La agricultura utiliza cerca del 70 % del agua dulce extraída a nivel mundial, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), lo que convierte la eficiencia hídrica en una condición esencial para la sostenibilidad. En México, más del 12 % del territorio terrestre se encuentra bajo alguna categoría de Área Natural Protegida federal (CONANP, 2023), ello implica compatibilizar conservación y actividades productivas en una parte significativa del país.

La innovación agrícola ofrece herramientas para reducir la presión sobre los ecosistemas: riego tecnificado, prácticas de conservación de suelos y sistemas productivos menos intensivos en insumos. Sin embargo, la economía ambiental advierte que la sostenibilidad no depende solo de la tecnología disponible, sino de los incentivos y reglas que orientan su adopción. El agua y la tierra son recursos estratégicos cuya gestión está vinculada a estructuras de gobernanza.

En México, esta dimensión institucional es crucial. Aunque las mujeres representan alrededor de un tercio de la fuerza laboral rural, menos de un tercio de las personas con derechos agrarios reconocidos son mujeres. Esta brecha en la tenencia formal influye directamente en quién decide sobre el uso del suelo, la inversión en tecnologías productivas y la gestión del agua.
Esta distribución desigual no sólo refleja patrones históricos de propiedad, sino que influye en la orientación de las inversiones productivas y en la capacidad de incorporación a programas de apoyo, financiamiento o asistencia técnica. Cuando el acceso formal a la tierra es limitado, también lo es la posibilidad de liderar procesos de transición hacia prácticas agrícolas más eficientes.
La participación femenina en la agricultura mexicana no es marginal. Las mujeres intervienen en labores productivas, en la administración cotidiana de unidades familiares y en la transmisión de prácticas agrícolas. No obstante, su acceso limitado a tierra y espacios formales de decisión reduce su capacidad de incidir plenamente en la orientación de los sistemas productivos hacia prácticas más sostenibles.

Desde la perspectiva de la economía ambiental, la sostenibilidad de bienes comunes como el agua y el suelo depende de arreglos institucionales que alineen incentivos individuales con objetivos colectivos. Cuando la gobernanza es más inclusiva, la toma de decisiones tiende a considerar horizontes de largo plazo y a internalizar costos ambientales que de otro modo quedarían desplazados.
En territorios protegidos, donde conservación y producción coexisten, esta dimensión adquiere mayor relevancia. Reconocer el papel estratégico de las mujeres no es solo una cuestión de representación, sino un componente estructural de la sostenibilidad. Integrar la innovación agrícola, el uso eficiente del agua y la gobernanza inclusiva permite avanzar hacia modelos productivos que reduzcan presiones ambientales y fortalezcan la resiliencia territorial.
Para saber más:
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La conservación no se sostiene únicamente con decretos ni con tecnología aislada. Requiere decisiones productivas alineadas con límites ecológicos y arreglos institucionales que favorezcan el uso responsable del agua y del suelo. En un país donde una parte significativa del territorio está bajo alguna categoría de protección y donde la agricultura continúa siendo un pilar económico y social, la sostenibilidad depende de integrar innovación, incentivos adecuados y participación efectiva. Incorporar plenamente a las mujeres en los espacios de decisión agraria y ambiental no implica sustituir responsabilidades, sino fortalecer la capacidad adaptativa de las comunidades frente a los desafíos climáticos e hídricos que enfrenta el país.
Para saber más:
Las mujeres son guardianas de las áreas protegidas, de los ecosistemas y sus espacios de vida.
Colaboración especial:
Dra. Myriam Livier Hernández Alcantar
Profesora-investigadora de la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la UABC. Su trabajo se sitúa en la economía ambiental aplicada a la innovación agrícola, la gestión sostenible del agua y la sostenibilidad de sistemas productivos en contextos regionales. Participa en iniciativas académicas orientadas al análisis de resiliencia territorial y eficiencia en el uso de recursos naturales.
Referencias:
Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). (2023). Áreas naturales protegidas de México. https://www.gob.mx/conanp
Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). (2022). The state of the world’s land and water resources for food and agriculture. FAO. https://www.fao.org
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). (2021). Mujeres rurales y desarrollo sostenible en México. PNUD México. https://www.mx.undp.org
Registro Agrario Nacional (RAN). (2022). Estadísticas agrarias con perspectiva de género. Gobierno de México. https://www.gob.mx/ran