Cuando se habla de conservación de la Reserva de la Biosfera Montes Azules, casi siempre se piensa en jaguares, guacamayas, ríos cristalinos o árboles gigantes. Pero pocas veces se pone el foco en las personas que han cuidado este territorio durante generaciones; y aún menos en las mujeres, que desde espacios muchas veces invisibles, han sido clave para que la selva siga viva.
En los discursos oficiales sobre conservación, sobresale la selva chiapaneca, donde los aullidos de los monos saraguatos se mezclan con el murmullo de los ríos y los árboles, como ocurre en la comunidad de Lacanjá Chansayab.
Para saber más:

Las mujeres lacandonas son, ante todo, transmisoras de saberes; enseñan a niñas y niños cómo sembrar, cuándo cosechar la milpa, qué plantas de la selva curan el dolor de estómago o la fiebre, cuáles plantas se pueden utilizar para la elaboración de collares y pulseras o cuáles no deben tocarse. Este conocimiento, que pasa de generación en generación, es una forma muy concreta de conservación: saber usar la selva sin agotarla.
El manejo de los huertos familiares es otro ejemplo. En estos pequeños espacios pero diversos las mujeres cultivan frutas, verduras, plantas medicinales y condimentos y se crían pollos y patos. No solo garantizan comida fresca y saludable, también reducen la presión sobre el monte y mantienen una gran variedad de plantas y animales. Cuidar un huerto es, en los hechos, cuidar la biodiversidad, mantener viva la memoria biocultural sobre la naturaleza.
Para muchas mujeres lacandonas, la selva no es solo un espacio de trabajo o de subsistencia, sino el lugar donde se construye su bienestar y su sentido de libertad, como expresa Chanuk, mujer lacandona entrevistada a finales de noviembre del 2024: “Soy muy feliz, no lo cambiaría ni por la ciudad ni por otro lado”, una afirmación que da cuenta del profundo arraigo al territorio y de una forma de vida que no se mide desde los parámetros urbanos del desarrollo.
Cambios que se sienten distinto
Desde que Montes Azules fue decretada Área Natural Protegida en 1978, la vida en las comunidades cambió. Llegaron proyectos sobre el aprovechamiento de la selva y también nuevas reglas; arribaron más visitantes y, con ellos, el turismo. Estos cambios no afectaron a todas las personas por igual; para muchas mujeres, el turismo ha abierto oportunidades de ingreso, a través de la venta de artesanías y/o alimentos, pero también trajo más carga de trabajo y menos tiempo propio.
Un problema importante que mantiene la desigualdad es que la baja participación de las mujeres en los espacios formales donde se toman decisiones sobre la Reserva. Las reuniones comunales, talleres o consultas suelen estar dominadas por hombres [conocidos localmente como derechosos], y cuando hay personas externas, muchas mujeres prefieren guardar silencio o hablar poco, no porque no tengan opinión, sino por las normas culturales que rigen, la falta de confianza y la exclusión femenina en la toma de decisiones.
Además, la pérdida de prácticas agrícolas tradicionales y los cambios en la alimentación han impactado directamente en su día a día, pues son ellas quienes suelen estar a cargo de la preparación de los alimentos y del cuidado familiar. Cuando cambian los ingredientes y la manera de proveerse de alimentos, cambian también las costumbres, los sabores y la relación con la tierra.
Reconocer para conservar mejor
Es claro que no puede haber conservación real sin reconocer el papel de las mujeres. Ellas sostienen la vida cotidiana, la alimentación, el cuidado y la memoria biocultural por medio del manejo y aprovechamiento de la milpa, el huerto familiar y la selva. Visibilizar su trabajo, abrir espacios seguros para que participen y valorar sus conocimientos no es solo un acto de justicia, también es una estrategia inteligente para cuidar la selva a largo plazo y preservar sistemas tradicionales de producción de alimentos como la milpa y los huertos familiares.
Montes Azules no se conserva sola. La cuidan personas concretas, con historias, saberes y esfuerzos diarios. Entre ellas, las mujeres que han sido —y siguen siendo— guardianas silenciosas de la selva. Escucharlas y apoyarlas es dar un paso firme hacia una conservación más justa, más cercana y más viva.
Colaboración especial:
Marcos Israel Campos López
Candidato a doctor en Sustentabilidad para el Desarrollo por el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo Sustentable, con maestría en Gestión Sustentable del Turismo por la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo. Licenciado en Turismo por la Universidad Autónoma del Estado de México. Áreas de interés: Interpretación del Patrimonio, Sustentabilidad Otra, Áreas Naturales Protegidas y Pueblos Originarios. Ha colaborado con la CONANP en proyectos de interpretación del patrimonio. Actualmente es profesor de asignatura en el Centro Universitario UAEM Texcoco. Correo electrónico: micamposl@uaemex.mx

Gregoria Rodríguez Muñoz
Profesora de Tiempo Completo del Centro Universitario Texcoco de la Universidad Autónoma del Estado de México. Ingeniera agrónoma fitotecnista por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestra y Doctora en Ciencias por el Colegio de Postgraduados Campus Montecillo. Líneas de investigación: Género, ambiente y desarrollo en espacios turísticos rurales, dirigiendo tesis y generando información científica bajo este interés de conocimiento. Correo electrónico: grodriguezm@uaemex.mx

María Cristina Chávez Mejía
Profesora-investigadora del Instituto de Ciencias Agropecuarias y Rurales de la Universidad Autónoma del Estado de México. Ingeniera agrónoma fitotecnista, egresada de la UAEMex, Maestría en Ciencias en Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo y PhD. en la escuela de Estudios para el Desarrollo, ambos por la Universidad de East Anglia, Reino Unido. Ha dirigido tesis de licenciatura y posgrado, y publicado artículos científicos, Áreas de interés agrodiversidad, etnobotánica y paisajes y territorios campesinos.
Correo electrónico: cchavezm@uaemex.mx

Fredyd Torres Oregón
Licenciado en Economía por el Instituto Politécnico Nacional (IPN); maestro en Ciencias Sociales con especialidad en Desarrollo Municipal por el Colegio Mexiquense, AC; Doctor en Ciencias Agropecuarias y Recursos Naturales por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex); cuenta con un posdoctorado en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM X). Perfil Deseable Prodep SEP; pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel I. Profesor e investigador en el Centro de Investigación y Estudios en Desarrollo Sustentable (CEDeS)-UAEMex. Principales líneas de investigación: seguridad alimentaria y conflictos socioambientales en el medio rural, sustentabilidad. Correo electrónico: ftorreso@uaemex.mx

Nota: Esta publicación está basada en la investigación doctoral de Marcos Israel Campos López "Las Reservas de la Biosfera en México: ¿Territorios para la Sustentabilidad? El Caso de Lacanjá Chansayab, Chiapas", Universidad Autónoma del Estado de México.