En lo alto de las montañas de Baja California, entre acantilados, vientos intensos y paisajes remotos, habita una historia de esperanza para la conservación en México: el regreso del cóndor de California a la vida silvestre.
El Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir alberga hoy la única población silvestre de cóndor de California en el país, una especie emblemática que fue reintroducida a la naturaleza en 2002. Desde entonces, su recuperación se ha convertido en uno de los ejemplos más sólidos de conservación de fauna en México, gracias al trabajo constante de un equipo comprometido y altamente especializado.
Como parte del fortalecimiento del Programa de Recuperación del Cóndor de California, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en colaboración con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y a través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), integró nuevo personal técnico al programa.
Cuatro jóvenes profesionistas —Melissa Xochiquetzal, Alejandra, Hiram y Jhoanna— se sumaron al equipo para reforzar las labores de manejo, monitoreo y conservación de esta especie, desempeñando tareas que requieren conocimiento técnico, resistencia física y un profundo compromiso con la vida silvestre.


Actualmente, la población silvestre está conformada por 52 cóndores, además de dos ejemplares en proceso de aclimatación. Para asegurar su bienestar, el equipo realiza revisiones médicas periódicas, toma de muestras, vacunación y colocación de transmisores y etiquetas. Estas acciones permiten reducir el estrés de las aves, dar seguimiento a su salud y detectar riesgos, como la intoxicación por plomo, una de las principales amenazas para la especie.
El monitoreo en campo es una tarea constante y exigente. Implica observar el comportamiento de los cóndores, registrar señales, identificar individuos y detectar oportunamente cualquier problema de salud. Gracias a esta vigilancia permanente, se han logrado rescates clave, como el de una hembra que quedó atrapada con una lata o el de un cóndor con el ala lesionada.
Estas labores requieren recorrer acantilados, establecer campamentos en zonas remotas y enfrentar climas extremos, desde intensos fríos hasta nevadas que ponen a prueba la capacidad técnica y operativa del personal.


El programa también incluye la alimentación suplementaria, una labor compleja que va desde la adquisición y transporte del alimento, hasta su preparación y el mantenimiento de los sitios de alimentación para reducir riesgos.
En los aviarios, los cóndores en proceso de aclimatación son observados de manera continua para evaluar su adaptación y respuesta ante posibles depredadores. La alimentación se realiza por la noche y sin ser vistos, en jornadas demandantes que siempre se llevan a cabo en parejas, por seguridad.
A ello se suma el análisis de grandes volúmenes de información: datos satelitales, registros de cámaras trampa y bases de datos que permiten tomar decisiones informadas para la conservación de la especie.
Cualquier emergencia con un cóndor requiere la coordinación de al menos seis personas para su captura, traslado y atención, lo que demuestra el nivel de preparación y respuesta del equipo.
Además, la educación ambiental es una pieza clave del programa. Informar y sensibilizar a la sociedad sobre la importancia del cóndor de California y las acciones necesarias para su protección es fundamental para garantizar la permanencia del proyecto a largo plazo.
El trabajo cotidiano también incluye tareas esenciales como la limpieza de aviarios para prevenir incendios, la reparación de infraestructura, el mantenimiento de caminos, el retiro de árboles caídos, la limpieza de nieve y el cuidado de la estación de campo.
Bajo el liderazgo de Catalina Porras y Juan Vargas, y con el esfuerzo incansable del equipo operativo, el Programa de Recuperación del Cóndor de California sigue demostrando que la conservación es posible cuando se combina ciencia, trabajo en equipo y vocación.
Cada cóndor que alza el vuelo sobre la Sierra de San Pedro Mártir es un recordatorio de que proteger la naturaleza es una tarea colectiva, y que incluso las especies más amenazadas pueden tener una segunda oportunidad.
Compartido por: Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir