Entre los días que conmemoran los derechos de las mujeres, el 5 de septiembre ocupa un lugar central: reconoce a aquellas que menos oportunidades han tenido y que siguen siendo las menos visibles en nuestro mundo occidental.

A raíz de varios tratados internacionales orientados al reconocimiento de los derechos de la mujer[1], en 1983 durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tiahuanaco, Bolivia, se estableció el Día Internacional de la Mujer Indígena en honor a Bartolina Sisa, una guerrillera aymara que luchó contra el dominio colonial español. Este día tiene la finalidad de llamar al cuidado y a la visibilización de las mujeres indígenas: su historia, su situación actual y sus perspectivas.

Es evidente que la situación de los pueblos indígenas nunca ha sido igualitaria: han sufrido discriminación, aislamiento y trato inequitativo. Pero las mujeres indígenas han sido todavía más relegadas, pues sufren también violencia de género, segregación, despojo, la imposibilidad de acceder a la propiedad y la falta de acceso a derechos básicos.

Nos hemos acostumbrado a llamarlos “grupos étnicos” y a definirlos como esas naciones originarias oprimidas durante quinientos años por la imposición de modelos agrícolas, religiosos, de género y corporales, que resisten precisamente al no adoptarlos. Estos pueblos han sufrido violencia racista y diversas descalificaciones por sus saberes, sus expresiones, su dicción, su indumentaria, su aspecto físico y sus críticas al sistema educativo.[2]

Han vivido al límite de las presiones insostenibles de un capitalismo devorador de recursos naturales, obligados a defender la Madre Tierra durante siglos en soledad, arraigados y aislados en sus tierras colectivas, y presionados por la expansión del capitalismo agrario, la deforestación, la minería industrial y la explotación del agua. Las mujeres indígenas son la última frontera en la defensa de la naturaleza y de todo lo que ésta implica.

Esto sigue ocurriendo en el mundo, a pesar de haberse reconocido que las mujeres indígenas son fundamentales en la conservación de la cultura, la lengua, las tradiciones y la protección del ambiente, así como en el resguardo de la mayoría de los saberes ancestrales de sus comunidades.

Hablamos, entonces, de los derechos individuales y colectivos de las mujeres indígenas: derechos humanos, económicos y sociales, incluyendo derechos tan básicos como el derecho a la tierra, al trabajo, al agua, a su propia cultura y a vivir libres de cualquier forma de violencia, sin mencionar ya los derechos civiles y políticos.

En la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) afirmamos que las mujeres indígenas tienen derechos concretos por pertenecer a un pueblo originario: el derecho a la identidad cultural del pueblo al que pertenecen; el derecho a su identificación como mujer indígena; el derecho a no ser absorbidas ni obligadas a aceptar prácticas culturales ajenas que transgredan su identidad biocultural; el derecho a mantener costumbres y tradiciones sociales, culturales y económicas, y el derecho a recobrar, como integrantes de un pueblo originario, aquellas tradiciones que las benefician y las dignifican como mujeres indígenas.

La CONANP reconoce que el trabajo de las mujeres indígenas cumple la importante tarea de mantener y defender la identidad de sus pueblos, y de reafirmar el derecho de las comunidades al territorio, con la finalidad de que sus diversas voces y la riqueza cultural que representan se escuchen de manera fuerte y clara en todos los espacios que habitan: el hogar y la familia, así como el ámbito político, social, económico, cultural y natural. 

Porque esta defensa representa, para nosotros, la defensa misma de los hábitats más frágiles, intactos y relevantes del país, es decir: "No es accidental que la mayoría de los últimos recursos naturales estén en territorios indígenas. Después de destruir su medioambiente, los blancos vienen a tomar los últimos territorios que nos quedan, los que hemos protegido”.[3]

Y, a pesar de esta devaluación histórica de su trabajo, las mujeres indígenas —mujeres pobres, dependientes de los hombres de su comunidad y de los mercados que compran sus producciones— son las mayores promotoras, guardianas y vendedoras de la riqueza de la naturaleza, de sus productos y del arte que crean las comunidades originarias.

Las mujeres indígenas sostienen la sustentabilidad de las Áreas Naturales Protegidas y la riqueza biológica y cultural de las mismas, y son, en realidad, las personas más importantes para generar las gobernanzas conjuntas que busca la conservación humanista de esta administración.

Nuestro compromiso de defensa está con ellas: con la protección de la Madre Naturaleza, sus elementos y todo lo que constituyen estas Áreas de Conservación, que son el presente y el futuro de los pueblos de México.

Autor: Dirección de Asuntos Jurídicos


[1] Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer (1952); CEDAW (1979); Convención de Belém do Pará (1994); Plataforma de Acción de Beijing (1995); etc.

[2] https://www.argentina.gob.ar/noticias/5-de-septiembre-dia-internacional-de-la-mujer-indigena-2

[3] Entrevista con Gladys Tzul, en Totonicapán, en agosto de 2011, Feminismos desde Abya Yala, Francesca Gargallo.